¡Canta, herida!

Por A. André Sánfar

"Los personajes que deambulan por la páginas de este libro son hijos malditos de la ciudad, ángeles caídos al purgatorio del asfalto, condenados en busca de redimirse de las maneras más insólitas, sin conseguirlo" así es como inicia la contraportada que nos comparte Bernardo Esquinca, escritor tapatío.

En la mayoría de sus cuentos, si no es que en todos, dependiendo del lector, tienes que tomar unos minutos para suspirar, “hacer digestión” porque puede haber un shock cultural, sentimental, de lenguaje o con las intenciones de las acciones de los personajes que nos cuenta, el fervor, el coraje que te transmiten; algunos son odiosos, tienen coraje, reprimidos, te exaltan, hay un revoltijo en el estómago entre página y página. Provocará repudio, a otros hará ver lo que quisimos una vez ocultar de nosotros mismos; no será nada cómodo y reconfortante adentrarse en estas historias.

En la variedad de personajes “niños que, para demostrar quién es el más hombre, torean trenes hasta las últimas consecuencias; un desempleado que recibe el extraño encargo de arrancar páginas de la biblioteca de un escritor muerto; el dueño de una rosticería que ahorra obsesivamente para comprarse un ataúd digno; prostitutas que se baten en duelo contra un grupo de indigentes para recuperar un talismán en forma de lunar; una actriz en decadencia que intenta advertir a su sobrina-nieta que no caiga en las garras del hombre que la arruinó…” -añade Bernardo Esquinca- uno se nutre de esta lectura, sin omitir la riqueza lingüística, temática y dependiendo de la psique del personaje o intención que tiene Gabriel Rodríguez Liceaga de evocar cierto sentimiento o emoción al lector, que está claro que no es dejarte dormir. Esta diversidad de personajes, sin despegarse de esta línea tan clara entre cuento y cuento, denota la capacidad creativa, intelectual y/o de “levantar la oreja” del autor para representar historias que hacen que suspires, que grites, que te retuerzas o tomes algo para las úlceras. Es verdad y no puedo expresar nada que difiera a lo que Bernardo Esquinca, conocido por escribir en la temática llamada “ficción de lo extraño”, ya expresó. Eso sí, es complaciente que el contexto se lleve a cabo en localidades mexicanas, uno puede contextualizarse mejor, es decir, adentrarse fácilmente por estos lugares que son más familiares que cuando uno lee otros autores, aunque no necesariamente extranjeros, ya que la Generación del Crack nos transporta a otros lugares fuera de México.

Este autor joven, que cuenta con 37 años, es “Defeño, del Barrio Bravo de Tepito". Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy". Así se presenta como semblanza en la revista La Hoja de Arena, en la que colabora.

Datos del libro

Título
¡Canta, herida!
Autor
Gabriel Rodríguez Liceaga
Colección
Taller del Amanuense
Portada
Smithe
Páginas
112
Idioma
Español
Precio
$ 140.00
Editorial
Editorial Paraíso Perdido

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Staff Contrasentido

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